No es necesario ser un avispado observador para darse cuenta de que la juventud, en general, ya no lee la prensa escrita en papel. Antaño era muy común ver los domingos por la mañana, al salir de misa, como muchas personas se acercaban a comprar el pan y la prensa y con ambas cosas bajo el brazo, iban a tomarse el vermut o se dirigían directamente hacia su casa. Ya no se acude a misa, ni se compra la prensa, se come mucho menos pan y el vermut no es, en estos momentos, una bebida juvenil. Imagino que se irán cerrando paulatinamente las rotativas, creo que en mi cuidad ya están todas clausuradas y la prensa local se edita en la llamada capital del mundo: Bilbao. Si hoy sentarse en un banco a leer la prensa es ya una curiosidad, dentro de pocos años, según vayamos desapareciendo los ancianos, será un milagro.