
Hoy, de nuevo, los demoniacos hombres del tiempo nos han sentenciado por otro nuevo pase por el infierno. Estos calores me matan, quizá sea por mi físico: pequeñajo, gordo, calvo y casposo no soporto con estas temperaturas y estas humedades acarrear con mi alma encima y trato de no exponerme al sol enclaustrándome en mi casa con las personas bajadas, el ventilador funcionando sin parar y, como toda vestimenta, en bañador.
Qué envidia me dan las gaviotas y las señoras, como la de la foto, que pueden descansar sobre la refrescante agua del mar. Yo que de niño no aprendí a nadar, que soy un “cagao” y me da miedo meterme en el agua y que me pique una medusa, tengo que joderme y castigarme con no ir a la playa.