
Hoy me siento un pelín filosófico, pienso en Heráclito y en su coetáneo Parménides, el uno afirmaba que «todo cambia, nada es». El otro le contestaba «todo es, nada cambia». Y así llevamos 2.500 años sin saber a ciencia cierta si la vida cambia o siempre es más de lo mismo. El nacer, el desarrollarse y el morir es siempre lo mismo.