Esa dicotomía tan española de ser gobernados a todos los niveles y vivir con unos políticos medriocres y nada imaginativos, choca frontalmente con el ingenio, la versatilidad e imaginación del pueblo llano. Recientemente he visitado tierras de Castilla la Vieja, siguiendo el viejo sendero por el que trajeron al cadaver de Prisciliano sus discípulos y que, algún tiempo después, se bautizó como «Camino de Santiago». El primer día comí en una pequeña aldea, en un restaurante de corte medieval, decorado a la antigua usanza y con un menú clásico en el Norte de Castilla. Pero lo que más me llamó la atención fue el pan que nos sirvieron, tenia la forma de una venera (vieira en gallego) el símbolo de los peregrinos que al pasar por alli (restaurante) se detienen a comer