Sobre una orilla desierta de un océano implacable, yace la heroína. Su traje rojo, símbolo de fuerza y valentía, aún se ve como una llama ardiente bajo el sol pálido del atardecer. El agua fría acaricia su cuerpo inerte, pero es un consuelo inútil en su derrota.

Había luchado con todas sus fuerzas, enfrentanda a un enemigo cuya oscuridad superaba su luz. Con cada golpe, su espíritu se quebró un poco más, hasta que finalmente cayó, agotada, sin energía para seguir. Esta batalla fue su última derrota.

Ahora simplemente espera ser nutriente de otras vidas.