Me llama la atención, aunque sinceramente, no mucho, que todos somos conscientes de los cambios provocados por la tecnología electrónica, las redes sociales, los móviles, la inteligencia artificial, pero, sin embargo, nos pasan desapercibidos otros muchos cambios de menos trascendencia. Esta imagen es un ejemplo de esos pequeños cambios a los que me refiero.

Mis nietos, desde el primer momento que lo vieron, supieron que se trataba de un banco, un utensilio, o mobiliario, para sentarse. Me pregunto si mis abuelos, si pudieran verlo, deducirían que este artilugio es un banco.

Hace unos miles de años, en Mesopotamia y Egipto los bancos sin respaldo eran símbolos de poder usados por faraones para ceremonias religiosas. En Grecia y Roma desarrollaron bancos de madera y piedra, a veces con respaldos, usados para descansar, dormir o como lugares de reunión pública. Ya en la Edad Media y Renacimiento aparecieron bancos más ornamentados (como los de iglesias o palacios). En el Siglo XVIII los bancos, por fin, se volvieron más populares y más accesibles para las clases menos adineradas. Y hoy en día los bancos, la mayoría públicos, son de todo tipo y algunos, como el que nos ha inspirado, muy diferentes de todos sus antecesores.