
En los barrios pobres de nuestras ciudades surge un eclecticismo vivo, visceral y profundamente humano.
Este eclecticismo nace de la carencia y se alimenta de la resiliencia. Es la arquitectura del «aquí y ahora», donde la vivienda se convierte en un organismo en constante mutación. Sus materiales son un collage de lo disponible: azulejos (estamos en Lisboa), desconchados, ladrillos y piedras a la vista, grietas, reparaciones y pintura en múltiples capas, grafitis, cables, cajas de conexiones, …
Y el detalle de vida: un pequeño ramito de flores blancas en una puerta.