
El paso del tiempo cambia muchas cosas. Además del dolor nuestra espalda, la calva o la barriga, hay muchos otros cambios que no nos afectan directamente, pero que de un modo inexorable se producen. Cuando estuve en la Marina recuerdo que sargento se desgañitaba, cada vez que algún marinero llamaba “cuerda” a un rebenque, cabo, maroma o estacha, gritando vehemente: “en la Marina la única cuerda que hay es la del reloj”.
Hoy ya no podría afirmar eso, los relojes no llevan cuerda, funcionan a pilas. Algo similar pasa con esta imagen de una escuela de 1871, antes y el letrero es testigo, había escuelas de niñas y, otras, de niños. Enclaustrados según el sexo en edificios diferentes.