
Dicen los que saben de estas cosas que, en general, en nuestra mente se queda grabado durante años, a veces, toda la vida, la primera vez que vives una nueva experiencia. La primera comunión, la primera novia, la primera operación quirúrgica, la primera detención, el primer día en la cárcel…
Esta semana yo he vivido un episodio por primera vez en mi vida que, no creo que lo olvide fácilmente. Te lo cuento. Acostumbro a moverme por la aldea caminando, pero estos días parece que estamos condenados a sufrir la maldición bíblica del Diluvio, llevamos unas semanas en las que un tren de borrascas ha azotado nuestros cielos, encharcando nuestras calles y obligándonos a los paseantes de a pie a utilizar el autobús. Y es aquí donde he vivido por primera vez la experiencia de que una joven, guapa, de cabellos rubios, ojos azules y mirada pícara, se ha levantado y me espetado: «Caballero, siéntese», ofreciéndome su asiento.
Nunca, hasta ahora, me habían llamado viejo con tanto descaro. —No, no, muchas gracias — ha sido mi respuesta, pero te confieso que me he quedado con las ganas de darle…