Este tren de borrascas que, como una maldición bíblica azota la Península, no nos trae nada bueno. En las costas occidentales, las atlánticas, sobre todo en Portugal y Galicia el temporal de mar ha impedido trabajar a las gentes que viven de la mar y, además, se ha cobrado varias vidas. En el Cantábrico oriental más de lo mismo y, también, con fallecidos. En Donostia-San Sebastián una ráfaga de viento se llevó a un hombre mientras cruzaba un puente. La nieve, las heladas, el viento, el agua con su riadas y desbordamientos han causado y, me temo que van a seguir causando, desgracias y grandes pérdidas.

Y los burgueses egoístas, ¡como YO! nos quejamos porque las borrascas nos impiden gozar de nuestros saludables paseos y del precio y escasez del pescado.