
Dicen los que saben de estas cosas que, cuando el Creador hizo el mundo, el séptimo día descansó. Siguiendo esa filosofía los dueños del mundo de todos los tiempos nos han dicho qué, ese séptimo día era para descansar. Y nos dieron fiesta. Aunque con alguna limitación, ese día estábamos exentos de trabajo, pero era fiesta de “guardar” y debíamos acudir a los oficios religiosos. En los últimos siglos, desde la Revolución francesa aquí, hemos ganado en derechos y, también, en torcidos. Y ya muchos, los domingos no los dedican al descanso, sino a todo lo contrario, el domingo se disfruta cansándose mucho más que en el resto de semana laboral. Y ahora que estamos a las puertas del verano una buena forma de reivindicarnos contra el descanso de séptimo día es coger todos los bártulos, toda la familiar unida, incluidos lo suegros y el pesado del cuñado e irnos juntos y en armonía a la playa.